Para poder amar, aprende a dominar la Bestia…en ti

Nacemos en este mundo para aprender, no solamente gozar de el, y sabemos que donde mas aprendemos es, por ridículo que suena, a través de las relaciones difíciles y dolorosas. Hay gente que piensa que está perdiendo su tiempo en este tipo de relaciones y puede ser cierto – como no lo vas a perder, si solo pasas tu vida con el miedo o lamentándote que no supiste escoger bien a tu compañero o compañera? ¿Por qué no llenarnos de valor y hacer frente a lo que nos toca ?
Una solución diferente e inspiradora ofrece a las relaciones tormentosas la Doctora en Filosofia y consejera de relaciones personales Sirah Vittese en su libro “Que Fué del Principe Con El Que Me Casé?”

Svetlana Peskova, Msc.

Millones de mujeres luchan por entender a sus difíciles compañeros y a la bestia que reposa en sus frustradas relaciones. Ya muestre un semblante enfadado, controlador, celoso, cruel o simplemente indiferente, la bestia dentro del corazón masculino es muy real. En su núcleo, muchos hombres están profundamente heridos.
Estas heridas quizá no presenten unos síntomas exteriores obvios. Aunque un hombre puede ser en ocasiones atento, divertido, trabajador, amoroso y abierto: la ignorante y malsana bestia que vive bajo ese exterior socava cualquier bondad que manifieste. Puede que sea incapaz de sentir emociones profundas, y así propicia que la intimidad sea virtualmente inexistente.
Puede ser un maestro en el arte de ocultar sus heridas e incluso es posible que se enorgullezca de su habilidad para parecer perfecto. Cada problema que surge, según el, es un problema de la mujer, culpa de la mujer. El “momento oportuno” para sentarse a dialogar nunca llega a presentarse. Está demasiado ocupado, demasiado estresado y cargado de trabajo. Algunas mujeres se sienten aterrorizadas por unos maridos profesionales y cultos. Ellas dicen: “Los hombres no son capaces de dar emocionalmente”. Se encuentran paralizadas por la dependencia y las responsabilidades hacia sus hijos.

JANE

Jane estaba temblando de pie en una esquina del baño, una toalla envolvía su húmedo cuerpo. Un torrente de emociones confusas la inundaba mientras Hank, apoyándose en la pared opuesta, le atacaba verbalmente. “Ya estamos otra vez”, pensó ella, “Me ha arrinconado. Soy vulnerable, estoy desnuda y no puedo reaccionar.”.
Jane temía a su marido. En una ocasión del pasado había perdido el control, y ese recuerdo se había convertido en un lastre para su ira. Se sentía furiosa al pensar que el disfrutaba de tanto control sobre la voluntad de ella como para impedirle expresarse en un momento acalorado.
Lo que empezó como una discusión sobre que cuenta utilizarían para cubrir un proyecto de remodelación de la casa, acabó en un debate acalorado. El deseaba emplear el dinero que había ganado antes de que se casaran. Ella se sentía amenazada ante esto porque, en su mente, esto haría que la casa fuese más suya que de ella, y quería sentirse segura en su propio hogar. Existían muchas otras maneras de financiar el proyecto familiar. La razón real de Hank para montar así las cosas era que el tendría el control y si, a la larga, acababan divorciándose, el tendría mas derechos sobre la casa que ella.
“Si nos divorciamos, esta casa seria mía, no tuya. Eras pobre cuando te conocí y serás pobre cuando te deje.”. Su perverso comentario fue como una puñalada justo en el centro del corazón de Jane. Años de dedicación y compromiso hacia su hijo de diez años no equivalían a nada en los ojos de su marido. Una vez más había socavado su seguridad y confianza. La ironía era que Hank no estuvo consciente de cuanto daño le estaba inflingiendo en este momento por su afán de controlarla y mantenerla en una posición sumisa.
Jane se giro hacia el espejo, la voz de su marido se desvanecía mientras ella se centraba en su desnudo ser. En este momento, al valorar su imagen con una honestidad sin precedentes, algo mágico sucedió: en el espejo vio fuerza y coraje. Jane comprendió que no había nada que arreglar, sino que había algo que cambiar. “No te mereces que se te trate de esta manera, Jane. Deja de esperar que el cambie. Cámbiate a ti misma: arriésgate!!”
En ese mismo momento en Jane se despertó una furia difícil de controlar, sin embargo lo miro con calma a Hank y le dijo con una voz firme: “Estás socavando mi confianza en ti y las consecuencias serán serias si esta pauta continua.”. Al desafiarlo, le dejo con la boca abierta debido a la conmoción. Ella ya no esperaba nada, simplemente se concentro en su propia personalidad. A Jane le pareció como si un rayo láser se hubiera extendido desde sus pies hacia la cabeza, llenándola de fuerza de integridad. Así era como realmente se sentía en vez de miedo de las ocasiones anteriores. Algo en ella se había despertado.

No puedes recomponer a un hombre que elige ser ofensivo. No es responsabilidad tuya. Por otra parte, es responsabilidad tuya recuperar la esperanza y reformar tu vida. Al ir dando pasos hacia esta meta, es probable que tu pareja muestre crecientes signos de respeto. Sin embargo, si continua maltratándote, y tú te vez incapaz de dejar esta situación ultrajante, debes enfrentarte de una manera efectiva a tu propia falta de autoestima.
Una mujer en una relación complicada a menudo se siente como si estuviera viviendo con una bestia, no con un hombre. De lo que no se da cuenta, es de que el terrible temperamento de su compañero provoca otra bestia: la que hay en ella. Ya sea la de ser o estar resentida, dominante, paranoica, virtuosa, censuradora, contradictoria, aprensiva, frustrada, envidiosa o efusivamente sumisa, toda mujer que se encuentra en una relación insatisfactoria posee cualidades indeseables y enfermizas: las manifestaciones exteriores de su bestia. La bestia puede convertirse en una parte muy útil y constructiva de la personalidad de una mujer, pero solo si ella planta cara y aprende a controlar sus cualidades mas destructivas.

Muchas de nosotras hemos tropezado con una pareja a la defensiva – una bestia – cuando lo que habíamos buscado era una conexión de corazón a corazón. De alguna manera, esta petición de intimidad representa una amenaza para el hombre, que toma medidas para proteger y preservar su naturaleza masculina.
Este rechazo continuo conduce a la desesperación y posteriormente a un profundo trauma. Sus heridas se convierten en las tuyas. Con el tiempo, tu amor está tan desgastado que la ira es tu única compañera y un corazón sellado tu único medio de supervivencia. Si se la desatiende, esta ira se convierte en una posición venenosa que amortigua toda posibilidad de curación y amor. Se la debe entender y abrazar. Tus lecciones más importantes residen en las profundidades de tu ira y tu rabia: donde habita tu bestia. Necesitas aprender a amarte.
La razón por la que no te sientes atraída hacia el hombre maduro, comprometido y seguro es que este no puede darte una lección para enseñarte a dominar a tu propia bestia. Apenas lo has logrado a través de unas a veces muy largas vivencias dolorosas, tu corazón se abrirá hacia nuevos horizontes y podrás tener las relaciones armoniosas con las personas llenas de armonía..


One comment

  1. Anónimo dice:

    este es un texto demasiado realista
    todo tipo de bestia tiene que ser dominado
    pero si no te arriesgas hacerlo nadie lo ara por ti
    bueno me voy
    gracias por hacerme entender
    felicitaciones por el texto ^^

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