El Orgasmo Que No Es Orgasmo

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Ref: Estela Inés Guitiaán, “Que nos propone la sexualidad tantrica?”

“Reducir el Tantra a algunas recetas de sexualidad sería como reducir el mundo a una ciudad”

Tanto en el varón como en la mujer, lo que se llama orgasmo es el espasmo nervioso, que sobreviene como resultado de la fricción producida a través del movimiento rápido y brusco de los tejidos externos del pene en contacto con los tejidos del canal vaginal, al producirse calentamiento por excitación durante el habitualmente fugaz momento del coito. Más allá de ser placentero o no, esto no es un orgasmo.

El Tantra y la naturaleza misma denominan “energía orgásmica” a aquella excitación sin pérdida energética que respeta los ritmos naturales del ser humano, su esencia no es violenta; es pulso, no impulso; es puje, no empuje.

Existe una abismal diferencia entre el deseo genital y la naturaleza orgásmica, de esta última se ocupa el Tantra, proyectándola más allá de nuestra sexualidad y haciéndonos sentir, cuando la descubrimos, que toda la vida es orgásmica y la energía de la sexualidad esta presente en cada acto de la vida cotidiana, nos aporta el entusiasmo y motivación de vivir.

El encuentro sexual tántrico busca evitar la rápida llegada al espasmo nervioso genital no controlado, tanto en la mujer como en el varón.

El orgasmo verdadero es desconocido por la mayoría de la mujeres, siendo confundido como el espasmo nervioso genital y dejándolas sin la experiencia de todo su potencial sexual femenino. En el varón sucede lo mismo, solo que al ser acompañado de la eyaculación además de privarlo de sentir y conocer toda su potencialidad masculina, aumenta la pérdida de energía vital.

La experiencia del llamado “orgasmo común” es muy normal a nivel físico, pero sucede que en algún momento de nuestras vidas, la mayoría de los seres humanos sentimos que tiene que existir algo “más allá de esa experiencia”. Sin poder hallarlo, a veces tenemos las sensaciones de inseguridad, insatisfacción, angustia, etc., que llevan a una búsqueda constante de “diversas alternativas” que a menudo resultan en frustraciones.

Encontrarlo y practicar el método tántrico es mucho más que tocar el cielo con las manos: es sentir “que somos ese mismo cielo”. Para sostener este estado se requiere un mutuo sentimiento de confianza y entrega que sorprendentemente se da a veces en forma espontánea y mágica entre dos compañeros amantes. Es preciso aquí aclarar que estos niveles de contacto y conocimiento están muy por encima de los rótulos o formas sociales del amor de la pareja.

Al ser la sensación similar a la de un orgasmo muy prolongado, este ha sido llamado por algunos autores “súperorgasmo” o “híperorgasmo”, el mismo que detiene la actividad mental así como emocional, generando el sentimiento genuino del amor fundamental a través de la fusión y la disolución del yo, otorgando un inmenso estado de paz.

La energía producida por la excitación con pérdida energética es trasmutada hacia un estado de vibración prolongada en la misma frecuencia donde se trasciende el cuerpo físico y ya no se siente como materia sino como vibración y estremecimiento, alimentándose mutuamente de energía. Esto es ser uno con el otro. Esta experiencia no mental proyecta a la pareja al estado de unión con la energía cósmica.

El alcance de Tantra y sus técnicas

Bajo el nombre Tantra se engloba toda una concepción del universo y del hombre. Como expresión analítica del conocimiento del mundo manifestado, el Tantra expone la constitución del universo, sus energías, sus elementos, su combinación y su funcionamiento. En otras palabras, es una ciencia al mejor estilo occidental.

Para lograr una unión sagrada es necesario ir “entrenándose” en la aplicación de ciertas técnicas durante el transcurso del intercambio sexual, que hacen posible ir sosteniendo progresivamente el éxtasis amoroso durante cada vez más tiempo. Al desarrollar la expansión de la conciencia acrecentando su potencia, permite penetrar el corazón de la sabiduría. El arte tántrico enseña el viaje del conocimiento universal, el gran conocimiento de las leyes universales.

Sentirse uno con el compañero actúa como disparador de la conciencia; así, podemos sentirnos unidos a todo el universo. Allí se encuentra el verdadero sentido del “entrenamiento” en técnicas sexuales, que muchas veces se vende como apenas sexo sofisticado.

El estado que se obtiene es exactamente el mismo que el que puede obtenerse mediante muchos años de meditación mental.

En que consiste la técnica?

Cada uno debería saber mantenerse en el punto culminante de hipertensión. Gracias al dominio del cuerpo, la mente y las emociones, deberán administrar que la corriente energética sobrevenga evitando el espasmo nervioso descontrolado, que en el varón llega indiferenciado de la eyaculación.

De esta forma, en un mutuo dialogo energético es posible prolongar el máximo nivel de placer entrando así en la dimensión atemporal.

Esto posibilita que los compañeros se fundan en un circuito bioenergético, en constante y continuo movimiento. Sosteniendo este intercambio cíclico durante un tiempo prolongado, el momento del éxtasis final deviene como consecuencia del movimiento energético y no como meta.

La pareja llega así a la experiencia de un “sentimiento de pérdida de límites”, de pérdida de conciencia egóica que equivale a la sensación de descansar en un valle, en un lago, en un remanso…Bien: este es el verdadero orgasmo.

Su importancia no radica en los logros meramente sexuales sino en el hecho de producir – a través de la fusión con otro – la trasformación de la personalidad que llevará a cada uno al descubrir, cual es la verdadera razón de existir, vivir y ser, alejando para siempre el estado de insatisfacción y falta de motivación.
La energía espasmódica, al ser proyectada desde el placer físico hacia la dimensión etérica, genera una interpenetración de las áuras.

La sensación vibratoria parte del centro del cuerpo de ambos compañeros fundidos en un mismo ritmo pulsando juntos. El orgasmo cósmico es un latido expansivo suave, que produce un estado estático de pérdida de límites por medio de una frecuencia ondulatoria prolongada, que lleva a comprender las leyes del movimiento universal, las leyes de la vida.


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