Tiranía y Autoestima Baja en casos de una Infancia Desdichada

Extractos de libro de José Aguado Martínez “Guía de divorciado, separado y aspirante” No hay duda de que muchas veces no se puede eludir la tiranía nada mas que huyendo de ella; pero, cuando esta huida se hace de forma precipitada e irreflexiva, se suele salir de Guatemala para meterse en Guatepeor. Por la experiencia de los psicólogos en el trabajo con separados de ambos sexos, tiranía de uno de los conyugues ha sido la causa de separación mas común, la predisposición a soportar la tiranía con frecuencia esta conectada a una infancia desdichada que marca terriblemente nuestros actos, casi siempre para toda la vida.

Como consecuencia de una infancia de poco amor de los padres, se repiten los siguientes síntomas:

  1. Falta de autoestima;
  2. inseguridad en si mismo;
  3. necesidad de sometimiento a un protector;
  4. miedo a perder este protector;
  5. la esperanza de que se nos de, tal como la concebimos nosotros, esa protección que compense la sensación de desamparo que nos produce nuestra falta de autoestima.

Cuando no te sientes debidamente querido en el hogar paterno (tanto por el amor descuidado como excesivamente dominante), recurres en principio a una especie de síndrome de Estocolmo, que te hace admirar la perfección que supones en tus padres y considerarte despreciable, porque te ves cargado de todos los defectos que ellos mismos te atribuyen, aunque, en realidad, no los tengas.

Como te ves inseguro, te consideras incapaz de sobrevivir por ti mismo, con lo que piensas que necesitas siempre a alguien que te proteja y te sometes ciegamente a la persona que consideras puede darte esa protección.

Cuando, con el tiempo, se te cae la venda que ciega tus ojos y te das cuenta de que tus padres no son precisamente perfectos, notas una especie de resentimiento, porque empiezas a ser consciente de todo el daño que te han hecho; pero sigues teniendo esa inseguridad que se ha marcado en lo mas profundo de tu espíritu y sigues necesitando al protector.

Esta caída de la venda suele tener lugar a esa edad en la que empiezas a fijarte de un modo especial con el sexo opuesto y, si encuentras entonces a alguien(generalmente con traumas similares) que se interesa por ti y te da algo de amor, tu, que no te has sentido nunca bien querido, vuelcas todo lo mejor de tu ser en esa persona y la conviertes en tu nuevo protector, con el agravante de que, como en este caso te encuentras frente a una relación satisfactoria y te sientes querido por primera vez en tu vida, es tal tu miedo a perder el protector, que soportas todo lo que te echen encima y te sometes al máximo a sus exigencias, pensando, por culpa de tu complejo de inferioridad, que si lo pierdes, ya no vas a encontrar a nadie que te quiera y, por encima de todo, te proteja, pues la figura de protector llega a convertirse en una necesidad que se busca y se exige.

Así se inicia una relación amorosa, basada en la necesidad de satisfacer un vació de nuestra vida y en el sometimiento a la persona que consideramos como la única que puede llenar ese vació. Es consecuencia de la falta de experiencia y autoestima, por culpa de una educación destructiva que, en vez de formar nuestra personalidad, la aniquila.

Con los años, va madurando uno y hasta llega a darse cuenta de que no es tan inútil como pensó en algún tiempo; pero es tarde: ya estas sometido y has acostumbrado a tu conyugue a considerarse con el derecho a dominarte. Se ha creado una simbiosis totalmente nociva en la que ambos individuos se necesitan mutuamente: el sometido necesita alguien que lo domine y proteja, mientras que el dominante necesita también alguien sobre quien ejercer su poder, para compensar su complejo de inferioridad. Entonces, si tratas de eludir esa situación de sometimiento, te encuentras con que el opresor, que acaba necesitándote tanto como tu a el, sorprendido en principio, trata de dominarte aun mas para que se mantenga esa situación a la que esta acostumbrado. A partir de este momento, se establece un enfrentamiento de fuerzas y una lucha por el poder, pues uno no quiere perder el exceso de poder adquirido, mientras que el otro intenta recuperar lo que ha ido regalando gratuita e inconcientemente a cambio de cierta comodidad y de una relativa liberación de responsabilidades.

Tras esto, se establece una situación nueva, que se caracteriza por ser muy tensa e incomoda, y después vienen las discusiones, las broncas y, finalmente, ese estado insostenible que desemboca en separación.

LO QUE PUEDES HACER DESPUES

A partir del día en que cojas la maleta o la coja tu conyugue, tienes que empezar a decidir el camino a seguir y te conviene tener la mente clara y serena para no caer en otro error. Puedes elegir entre un amplísimo abanico de opciones:

1. Dedicarte a llorar amargamente tu soledad.

Es una apoteosis del masoquismo. Te has quedado sin fuerza, sin energía, sin decisión, igual que una marioneta que no tiene quien tire de sus cuerdas. Aparentemente te resulta mas cómodo dar lastima para que los demás te ayuden que trabajar tu mismo para solucionar tu propia vida.

2. Tratar por todos los medios de amargar la vida a tu ex y saborear el placer de la venganza.

Es la medida que adoptan con más frecuencia los que se sienten abandonados. Es, en cierto modo, el recurso de pataleo de quienes se quedan sin victima que han estado dominando durante años. Pueden conseguir hacerle daño al otro, pero hay una cosa completamente segura: cuanto más daño quieran hacer, mas sufrirán, porque jamás lograran satisfacer sus verdaderas necesidades, que son consecuencia del vacío que les produce su pobreza interior. Su fantasía casi macabra los impulsa a buscar e inventar culpas en el otro y se niegan a observarse a si mismos por el terror que les produce la idea de que puedan descubrir su propia miseria. Prefieren auto engañarse a analizar y eliminar sus defectos.

3. Buscar inmediatamente otra persona para rehacer tu vida.

Rotundo disparate! Si tienes que buscar a otra persona para rehacer tu vida, estas reconociendo de antemano que tu vida esta rota, cosa que no es cierta si tu no quieres, y además estas admitiendo, que necesitas alguien a quien someterte o de quien depender. No permites nunca que empiece un nuevo amor como consecuencia de un trauma, porque estaría enfermo ya desde el principio. Busca primero la calma y la serenidad interior dentro de ti y, si una vez encontrada esa serenidad, encuentras a otra persona, actúa como mejor te parezca; pero, antes de buscar a otro, búscate a ti mismo, porque tu eres el único que puede rehacer tu vida, si efectivamente esta rota.

4. Renunciar a la relación con el sexo contrario y a todos sus placeres y sinsabores.

Si lo haces por razones morales o religiosas o, simple y sencillamente, porque te apetece, puede ser completamente loable; pero, si lo haces como consecuencia de un resentimiento o un trauma, pensando que todos los hombres y todas las mujeres son iguales, podrías estar en un error, porque el hecho de que te haya fallado alguien no significa que no haya en el mundo personas valiosas y dignas de confianza.

5. Vivir! Procurar ser feliz por tus propios medios sin renunciar a nada a priori ni plantearte soluciones urgentes.

Si te amas a ti mismo por encima de todo y estas contento contigo mismo, te encontraras en unas condiciones optimas para afrontar tu vida y y aceptar y disfrutar sin exigencias la felicidad que pueden darte los demás, no crearas dependencias ni necesidades, que siempre son causa de sufrimiento, y tendrás una paz interior que te permitirá disfrutar plenamente del cariño y las atenciones que te de esa otra persona. Tal vez digas que eso no es amor, que el amor es entregarse a ciegas, sufrir por otro, necesitar a otro etc., porque es ese el amor que tu conoces. Si intentases conocer este otro, posiblemente cambiases de opinión. En el amor puede haber también serenidad, sobre todo cuando quedaron atrás las fogosidades de la juventud y se ha tenido una experiencia dura.

Conviene considerar el amor como algo positivo, que nos da satisfacción, cuya carencia no debe ser nunca causa de un dolor traumatizante. Es difícil comprender estos conceptos y, mucho mas aun, superarlos.

La perdida de un placer no debe aumentar el dolor y la desaparición de un dolor no debe considerarse como un aumento de placer, sino como la eliminación de algo negativo y aunque produzca bienestar, no es, ni mucho menos, un placer que recibimos.

Algo parecido ocurre con el amor. Aunque es muy difícil o imposible desvincularlo por completo del placer y del dolor, si lo consideramos como algo positivo y lo separamos del dolor con la línea divisoria de una fuerte autoestima, su perdida nos será menos traumatizante y mas soportable. Si entras en el con una entrega generosa, pero pensando que, por maravilloso que sea, no es mas que una circunstancia mas de tu vida y que su falta no ha de ser motivo de amargura , cuentas con una predisposición extraordinaria para ser feliz y hacer feliz a la persona con quien llegues a intercambiarlo.


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