Cual de los dos resultas vos: Adict@ al Amor, o Adict@ a la Evitación?

Continuamos con el libro de Pia Mellody “La adicción al amor” o como dejar de sufrir. Extractos del libro, redactados por Svetlana Peskova, MSc. Los problemas de la adicción normalmente tienen sus raíces en la infancia, desde allí resultan unas personas codependientes con otras, son dos clases principales, según la autora Pia Mellody: adictos al amor y adictos a la evitación.

Los adictos al amor sufrieron el abandono por parte de quienes los cuidaban y su temor consciente es sentirse abandonados otra vez en su edad adulta. Aunque aparentemente la buscan, inconscientemente temen la intimidad porque nunca la experimentaron.

Los adictos a la evitación se sintieron defraudados por las personas de quienes ellos cuidaban en su infancia, ya que fueron enredados y aprovechados por estas, mientras no había nadie que se ocupara de cuidarlos a ellos. Conscientemente temen a la intimidad y huyen de esta, para evitar ser usados otra vez. Inconscientemente temen al abandono, porque también estaban abandonados.
1. Lo que hacen las adicciones por una persona Una adicción en la vida de una persona intenta a eliminar una realidad intolerable a través de una serie de experiencias obsesivo-compulsivas. Como consecuencia, la persona se siente “consolada” una y otra vez…La adicción se convierte entonces en una prioridad, se torna lo mas importante en la vida y crea consecuencias nocivas que el adicto ignora.

Para un adicto al amor, esta prioridad adictiva es el otro miembro de la pareja, y la fantasía que ha desarrollado sobre esta persona. Los adictos al amor se obsesionan con el otro y tratan de crear intensidad dentro de la relación, de relacionarse de un modo tan intenso que el otro se siente atrapado o enredado, lo que imposibilita una intimidad saludable.

Un adicto a la evitación se siente interesado por crear intensidad siempre fuera de la relación, sea esta de alcohol, drogas, sexo, trabajo, religión, juego, gasto o estar siempre ocupado.

Una relación coadictiva suele ser, en mayoría de los casos, de tipo romántico-sexual entre una mujer (una dicta amorosa) y un hombre (un adicto a la evitación), aunque en ocasiones se produce lo contrario.
2. Una misma persona puede experimentar ambos papeles. Alguien que es un adicto a la evitación en una relación fundamental, puede convertirse en adicto al amor fuera de esta relación. Digamos, por ejemplo, que Edwin es un adicto al sexo, casado con Martha, una adicta amorosa. Edwin es el adicto a la evitación dentro de su matrimonio, pero fuera de esta relación fundamental, como adicto al sexo, Edwin puede tener una relación con Erica, que es otra adicta al sexo. Aunque Edwin evita la intimidad con Martha en su matrimonio, puede actuar como adicto al amor con Erica. Las posibilidades son infinitas y a veces bastante intrincadas.

Como codependientes, ambas partes experimentan un fracaso interno de la relación consigo mismos. Pero su comportamiento en la relación coadictiva refleja este fracaso interior de formas diferentes. El núcleo de una relación saludable es el intercambio de intimidades en uno o más de los 4 niveles siguientes: físico, sexual, emocional e intelectual.

En unas relaciones intimas saludables, la seguridad interna nos proteje y nos permite sentirnos reconfortados cuando recibimos información de alguien, o ofrecemos esta información de nosotros en uno de los 4 niveles. Una buena confianza en si mismos nos permite mantenernos serenos, al mismo tiempo que nos arriesgamos a compartir nuestra realidad con el otro. Sin la existencia de esta, nace mucho temor a ser íntimos y como consecuencia sufrir un abuso.
4. Interacción entre los dos. Podría decirse que el adicto al amor es una especie de liberal con respecto a las relaciones, mientras que el adicto a la evitación es una especie de conservador. Los adictos al amor buscan constantemente el cambio para mejorar las cosas y conseguir lo que desean: más contacto, más cuidado. Por el otro lado, los adictos a la evitación tratan de mantener la relación lo mas estable posible, para que sea predecible y no emocional; no ven el cambio como una ventaja. Los adictos al amor piensan que el problema lo constituyen los adictos a la evitación, porque estos no quieren cambiar. Pero cuando el adicto a la evitación contempla un cambio requerido por el adicto al amor, piensa que cambiar supone capitular o ser controlado por el otro. Se llega así a una situación de empate. El adicto a la evitación evita la intimidad y es hipersensible a cualquier cosa que le haga tener la sensación de ser controlado. El adicto al amor busca enredarse con el otro, y es hipersensible a cualquier sensación de abandono.
5. Que es lo que atrae unos hacia los otros? Los adictos al amor(AA) están familiarizados con personas que se enfrascan en muchas actividades, y que no tienen tiempo para prestarles mucha atención. El sentido de abandono y desconexión que experimentan en su familia de origen les impulsa mas tarde a ser atraídos hacia personas que no tratan de apegarse demasiado a ellos. Los adictos a la evitación (AE) están acostumbrados a las personas necesitadas, dependientes e impotentes que necesitan ser rescatadas, lo que les infunde el control y la sensación de seguridad y poder. Las personas capaces de pensar por si mismas, las que no se dejan atrapar en luchas intensas, no resultan interesantes para los adictos a la evitación. Inclusive no las consideran lo suficientemente femeninas, como en el caso de una mujer independiente.
6. Que les distanciona unos de otros? En el transcurso de la relación, las maniobras de distanciamiento del AE para escapar de la intensidad de la persecución del AA, ponen en marcha los temores de abandono del AA, que termina por sentirse abandonado porque el AE no puede soportar la necesidad y la intensidad que sigue creando el AA dentro de la relación. A su vez, la extremada necesidad y la intensa persecución de la pareja por parte del AA, pone en marcha los temores de absorción del AE, que termina por sentirse absorbido por la necesidad y la persistencia del AA. Cada uno de ellos experimenta su temor consciente fundamental, y su propio comportamiento es el que llega a provocar en realidad una gran parte de comportamiento del otro que precisamente le resulta intolerable.
7. Y la danza comienza… Finalmente, el AA se siente agotado con la persecución, abandona y se aleja, ya sea para empezar a recuperarse o para pasar a otra relación o a una adicción que alivie su dolor. Al cabo de un tiempo, el AE observa que ya no esta siendo perseguido. Eso pone en marcha sus profundos temores al abandono, de modo que se lanza al acercarse de nuevo al AA. Cuando el perseguidor se acerca demasiado al que escapa, ambos estallan con intensidad, y o bien tienen un breve interludio romántico o una disputa terrorífica. Habitualmente, el AE se hace seductor como una forma de volver a conectar y empieza a hacer todas aquellas cosas que su pareja siempre deseo que hiciera. El AA exclama: “Oh, vaya…” y regresa para decir con alegría: “Oh, me ama…”. Cuando el AE ve que el AA se acerca con toda esa necesidad e intensidad, se aparta y hecha a correr, invirtiendo de nuevo la dirección de la danza.
El ciclo emocional del AA El ciclo emocional del AE 1. Se siente atraído hacia el poder y la adulación del AE1. Se siente atraído por la necesidad y vulnerabilidad del AA 2. Se siente animado al ponerse en marcha su fantasía. 2. Conecta con el AA por medio de la seducción 3. Encuentra alivio al dolor de la soledad y el vacío, y no le importa quien sea la pareja 3. Se siente animado ante la adulación del AA 4. Muestra más necesidad y deniega la realidad de ser abandonado 4. Se siente absorbido y controlado por la necesidad del AA 5. Desarrolla consciencia del comportamiento del abandono del otro a medida que se desmorona la denegación 5. Abandona la relación, sustituyéndola por una adicción, para aliviar el temor a verse absorbido 6. Entra en una fase de abstinencia 6. Repite el ciclo al regresar a la relación, ya sea por temor al abandono o por culpabilidad, o bien encuentra una nueva pareja 7. Se obsesiona por como conseguir que el AE regrese o como desquitarse 8. Pone en práctica planes obsesivos de modo compulsivo 9. Repite el ciclo con el AE si este regresa, o con una nueva pareja 8. Nuestra cultura considera este comportamiento como un “verdadero amor”… La relación descrita es una relación toxica y adictiva codependiente, donde una o las dos partes se encuentran casi siempre sumidas en la ilusión de que su relación se basa en el amor, y la forma de intensidad de esta la toman erróneamente por pasión.
9. Quien es aquí la victima? La inmadurez combinada de cada miembro de la pareja hace que la relación coadictiva sea intensa, caótica y poco fiable. Ambas partes son igualmente responsables por crear esta intensidad y caos. Ninguna de las dos es necesariamente mas sana o mas ofensiva que la otra. Cada una a su propio modo abusa del otro. El adicto al amor puede parecer como la victima impotente, y el adicto a la evitación puede parecer como insensible o mezquino, pero ambos se ofenden mutuamente de formas importantes: ninguno de los dos es la victima exclusiva. Lo que complica las cosas es que en una relación “amorosa” esperamos que el otro se comporte con madurez, aun cuando nosotros mismos nos engañemos acerca de nuestra propia madurez y actuemos como niños malcriados, o como encolerizados ofensores.
10. Un breve vistazo a unas relaciones saludables Una relación saludable no debe basarse en la obsesión y la compulsión; no florece y se desarrolla con la intensidad positiva y negativa. En las relaciones sanas, se es capaz de nutrir emocionalmente a los demás de una forma que promueve su propio crecimiento emocional y espiritual y los anima a asumir la responsabilidad sobre si mismos, aumentando con ello su autoestima. Cuando uno se ama a si mismo, se es capaz de nutrirse emocionalmente, de centrar la atenciones el propio crecimiento emocional y espiritual, de asumir la responsabilidad sobre si mismo, aumentando así la propia sensación de autoestima. Cuando al otro miembro de la pareja se le piden actos de intimidad y apoyo, cada persona puede decir si o no de una forma saludable, sin que ninguno de los dos tenga porque sentirse disminuido. La autoestima de cada individuo florece cuando se la alimenta emocionalmente dentro de una relación saludable.


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