El Egoísmo Contamina El Amor

Por Mikhail Jasminskiy, psicólogo

Traducción: Svetlana Peskova, MSc.

¿Por qué a veces se caen los edificios? ¿Qué es necesario para construir una casa segura? No basta desarrollar las fantasías acerca de qué tan bonita va a ser esta casa. Antes de echar los cimientos, se hace un borrador, después un proyecto de base con todos los cálculos respectivos, tomando en cuenta la cantidad y la calidad de los materiales, su resistencia, responsables por la solidez de la construcción. Solo al último vamos a decorar el interior, colocar los muebles bonitos y crear las comodidades. ¿Qué es lo que está en primer lugar de importancia para las parejas de ahora? Dos personas se encuentran, se enamoran, comienzan a soñar en construir una hermosa casa. Saltaron la parte de los borradores y cálculos, ignoraron completamente la necesidad de fundamento-base, solo anhelan la esperanza de vivir hermoso. Además, los constructores están embriagados por los sentimientos. ¿Has visto constructores borrachos? ¿Qué pueden construir ellos? Con todo, probablemente lograrán cumplir sus fantasías acerca de la decoración bonita del interior. Pero la casa si no tiene fundamento, a consecuencia caerá. Todo tiene sus reglas, la familia no es una excepción. Tome el ejemplo de los carpinteros: sin reglas no se hace ni un simple taburete. Las leyes de crear una familia son mucho más complejas. Si miramos alrededor podemos notar que estamos envueltos en el mundo de los sucedáneos. Estamos comiendo mortadela que carece de carne. Estamos viendo una película que carece de sentido. Estamos escuchando música que no tiene armonía. Al final nos sorprende que nuestros sentimientos también se convirtieran en sucedáneos. ¡Ya ni siquiera sabemos cómo deberían ser los sentimientos! — Con todo eso confiamos en que el verdadero amor debería caernos del cielo. No es así. Lo verdadero es caro. Para tenerlo, hay que aplicar un esfuerzo enorme. Por lo contrario, nosotros nos preocupamos más por parecer, que por ser genuinos. A veces nos parecemos a la misma mortadela que contiene millares de componentes para color y sabor, lo único que no tiene es carne adentro. Pero ¡ojo! – ¡la envoltura siempre está perfecta! — ¿Cómo diferenciar entonces los sentimientos verdaderos de los sentimientos falsos? Los sentimientos auténticos traen una alegría autentica. No es como de los drogadictos – recibieron una porción de droga y están felices durante algún tiempo, después viene el sufrimiento y de nuevo necesitan la siguiente dosis para subsistir. El Amor verdadero siempre comprende mucha entrega. ¡La madre salva a un hijo y sacrifica su vida, un soldado muere por la paz, Cristo se fue a la cruz por todos nosotros! En todo eso hay una lección de amor verdadero, de un sacrificio a favor del otro. El sacrificio es un sinónimo de amor. Si estoy dispuesto a sacrificar mi tiempo, mis energías, mis deseos y mis oportunidades a favor del otro sin pedir nada a cambio, sin interés de por medio – entonces ya aprendí a amar de verdad. ¡Quiero simplemente hacer por esa persona todo lo que está en mis fuerzas, y es amor! Este amor es caritativo y no busca el interés propio, según el evangelio. Todo lo demás es sucedáneo, solo aparenta ser amor, pero por dentro es un simple deseo y nada mas… todos esos suspiros, exaltaciones, apegos no son el amor, por el contrario, son el antiamor y pasiones. La mayoría va a decir que no se puede llegar a sentir el amor en nuestros tiempos, que es un sueño ideal inalcanzable. No es así. Un amor verdadero se puede cultivar en el corazón, se puede encontrar, se puede crecer hacia éste. Pero se necesita primero matar el egoísmo que todos tenemos, ya que el egoísta se ve solo a sí mismo. No es fácil reconocer el propio egoísmo por dentro. Unos se consideran extraordinariamente buenos. Otros ni tienen idea de lo que hablamos. ¿Se puede reconocer el grado de avance de la enfermedad? En cada uno de nosotros por dentro está depositada una buena dosis del egoísmo. Para reconocerlo, es necesario ser honesto consigo mismo. El detector del egoísmo es el grado de sacrificio al que estamos dispuestos a llegar. Mientras más podamos hacer para los demás para ayudarles, más necesidad de hacerlo tenemos por dentro, menos egoísmo detectamos. No hay que olvidar que todo eso deberíamos hacer sin esperar nada a cambio, con un corazón puro, sin esperar el reconocimiento por parte de los demás, como el acto de una simple entrega. Ahora todos podemos mirar detenidamente y detectar que no estamos dispuestos a entregar nada. Todos podemos trabajar, pero por un sueldo respectivo, todos podemos dar regalos, pero esperando un regalo de vuelta, todos podemos dar caridad, pero una cosa minúscula que no va a significar nada para nosotros, todos sacrificamos nuestro tiempo por el otro, pero esperamos que él haga lo mismo. Si eso no sucede, nos vamos a poner tristes y desilusionados. No podemos hacer nada de puro corazón, porque carecemos de corazón puro. Tenemos el corazón contaminado por el orgullo. Podemos si queremos, detectar nuestro grado de egoísmo por la cantidad de las exigencias que tenemos hacia los demás. Las exigencias son contrarias al sacrificio. Mientras más exigencias presentamos hacia los demás, menos amor tenemos por dentro y más egoísmo. Todos nos deben algo: el médico debe curar bien, el mesero – ser atento, los hijos – ser obedientes, los padres – comprensivos, el jefe – bondadoso, los políticos – sabios, los jueces – justos…solo nosotros no debemos nada a nadie. Si hacemos lo que debemos, nos quejamos de la tarea tan dura, cuánto tiempo nos quita, qué desagradable es, que el pago no es suficiente etc. — Existe la opinión, que sacrificando mucho por los demás, te puedes quedar sin nada. Alguien puede sorprenderse, como así: ¿dar sin recibir? Y si de repente después uno mismo necesita algo, y ya no lo tiene, ¿por qué lo entrego? — Esa es exactamente la actitud que nos esta privando de amor verdadero. Le pregunto: ¿a mucha gente les gustan los tacaños? — No, claro que no. Se ama a los generosos. Exactamente. La persona tacaña toma y ahorra todo para ella misma, no sabe compartir. Las personas cercanas a ella pueden adularla, honrarla, soportarla, hacerle cumplidos, pero nunca se la puede amar, ya que esta persona tampoco ama a nadie. — En otras palabras, no podemos recibir nada, si no hemos aprendido a sacrificarnos. Así es. Imagine una caja donde guarda todo bajo llave, esta llena de cosas inútiles que le da pena botar. De repente, encuentra una cosa sumamente útil, por ejemplo, un lingote de oro. Quiere tomarlo, pero no tiene donde guardarlo. El lugar esta ocupado. Primero se necesita sacrificar los “tesoros” anteriores, que pueden ser útiles para otras personas. Pero usted no es capaz de hacerlo. El ego está en el medio. Entonces se quedará sin poder guardarlo. Pensémoslo bien: ¿cómo se nos va a entregar algún valor si no aprendimos a darle uso? Los que saben administrar los valores, siempre tienen más. Si una persona suele compartir su amor, su talento, su dinero, sus bienes materiales, enseguida comienza a recibir más y más. Si solo demuestra su parte ahorrativa – ¡va a recibir lo mismo en respuesta! – Pero a todos les parece que ellos están dando tanto cuanto pueden, y simplemente no tienen nada más extra parta entregar. Veamos: ¿Cuánta gente necesita que les atiendan, que se preocupen por ellos? Normalmente estas personas son personas pobres, ancianos, niños. ¡Nosotros no tenemos tiempo para ellos! En cambio para ir de compras, a fiestas, viajar en los feriados, clubes, ver video filmes, TV – ¡para eso siempre encontramos tiempo! ¿No seria mas honesto reconocer, que no es el tiempo sino el deseo, lo que nos esta faltando? Tampoco, lógicamente, tenemos dinero para ayudar a otros. Si es que les ayudamos, solo con montos insignificantes. En cambio para la ropa, para unas vacaciones envidiables, cafés, restaurantes, últimos modelos de teléfonos celulares, carros del año, departamentos de primera etc., siempre encontramos posibilidades. Si alguien nos solicita aportar con el 10% de la ganancia mensual para la caridad, vamos a perder la cabeza, apenarnos y talvez llorar… ¿quién de nosotros estaría listo a dar éste 10%? Si no lo hacemos, ¿cómo podemos pedirle a Dios las cosas para nosotros, inclusive amor verdadero? ¿Cómo podemos ser tan infantiles? Hasta que reconozcamos la necesidad de dar a los demás para desarrollar el amor por dentro, ¡no podremos encontrar afuera un amor verdadero! — Entregar a los demás a veces es muy difícil, parece que estás dando lo último que tienes. ¿Cómo aprender este arte? — ¿Cómo curar nuestro egoísmo, si es en verdad posible? Primero tenemos que aprender a reconocer a los que necesitan ayuda y ayudar mientras podamos. Según lo que se tiene, uno debe ser honesto consigo mismo, no tratar de auto engañarse. No se puede pedir nada a cambio, tampoco esperar remuneraciones, caso contrario ya no sería un sacrificio benéfico. En la familia deberíamos dejar de calcular quién y cuánto debe a quién, ya es hora de perdonarse mutuamente…Se puede también participar en los grupos de voluntariado que ayudan a los necesitados. Con todo eso es importante dejar de lado el orgullo por lo que estamos haciendo. – Debe ser muy difícil aprender a hacer todo esto. Tendremos que aprenderlo, si queremos encontrar en esta vida un amor verdadero. – ¿Y si no lo vamos a hacer? Entonces todo se quedará como ahora. Si no queremos cosechar lo que sembramos, nos tocará alimentarnos con los escombros…


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